¿A quién no le ha cautivado esta preciosa serie animada? Todo en ella es espectacular: la paleta de colores, el diseño de personajes, los paisajes y la banda sonora. Pero vamos con lo que nos toca: la historia.
Me atrevería a decir que nunca he visto nada igual. Quizás suene un poco cursi, pero esta serie me transmite paz, me abraza. La serie es “calorcito para el corazón”. Y esa es su magia.
No sigue las típicas reglas de los manuales de guion y eso le da una personalidad propia. Por ejemplo, el detonante de la historia -el hecho de que Hilda y su madre tengan que dejar el bosque y mudarse a Trolberg- dura dos capítulos, cuando normalmente se recomienda zanjarlo al comienzo del primero. Y esto nos da la oportunidad de conocer cómo ha vivido Hilda toda su vida y de saber lo importante que es para ella sentirse libre y vivir aventuras. De esta forma, cuando su madre y ella tienen que mudarse a la ciudad, los espectadores empatizamos con Hilda y tampoco queremos irnos, preferimos quedarnos en el bosque.
Además, la serie es una mezcla de aventuras y de -permitidme robar este término de los animes- “slice of life”. Los capítulos tienen un ritmo pausado y nos narran la cotidianeidad de Hilda, la cual resulta estar llena de aventuras. Aunque estas aventuras nunca se sienten trepidantes ni excesivamente amenazantes, simplemente son su día a día. Son aventuras repletas de inocencia y eso las hace especiales.
Los personajes son sencillos y para mi gusto pecan de estar un poco estereotipados. No todos, pero sí los más cercanos a Hilda. Me refiero a David y a Frida. En mi opinión, David es un personaje bastante plano, casi todo en él se reduce a tener miedo y a ser torpe. Y en cuanto a Frida, su personaje me parece que funciona bien hasta el capítulo llamado “El fantasma”. En este capítulo, Frida se enfada con David y Hilda sin un motivo lógico. Es posible que la intención de los guionistas fuera mostrar que, como en la vida misma, a veces los amigos se enfadan sin razón. Sea como sea, a mí este enfado de Frida, que dura varios capítulos, me parece algo forzado.
Un aspecto a destacar es la interesante mezcla de formatos, combinando capítulos autoconclusivos y una marcada continuidad. Por un lado, cada episodio narra una aventura diferente y se centra en una criatura fantástica determinada. Pero, por otro lado, la temporada tiene una continuidad que pocas veces se ve en series de animación de este estilo y que va más allá de la típica “continuidad de relaciones” de las sitcoms. Lo que ocurre en un capítulo puede afectar a los próximos y los personajes son conscientes del paso del tiempo. Este formato de Hilda me parece muy acertado y novedoso en una serie de animación. Le da un toque de cercanía y realismo que no es nada fácil de lograr.
Por último, decir que el universo es muy rico y a la vez muy sencillo, y eso -disculpad si me repito- me parece que le da magia a la serie, la hace especial. La ciudad, el bosque, las criaturas mágicas y la propia Hilda, todo ello te invita a soñar con conocer un lugar así. No sé vosotros, pero yo no dudaría ni un segundo en mudarme a Trolberg y poder vivir todo tipo de aventuras junto a Hilda.


