“Arlo the Alligator Boy” es una aventura musical con un trasfondo emocional enorme. El desarrollo de la historia no es perfecto, hay varios deus ex machina, no nos cuenta nada nuevo y los personajes secundarios podrían estar mejor desarrollados, pero aun así, la película tiene alma.
Algo curioso es que la mayoría de las secuencias musicales no cumplen una función narrativa per se, sino que sirven para profundizar en los estados emocionales de los personajes y para que los espectadores podamos vibrar con ellos. Aunque algunas de estas secuencias sí que aportan giros fundamentales a la trama, como la que funciona como primer punto de giro y alguna otra hacia el final del film.
Me parece bonito que Arlo cante para expresarse y sentirse mejor, ¿no es esa una de las funciones más grandes de la música? La música ayuda a los personajes a conectar con su interior y con las personas que les rodean. Y esto hace que la película se sienta humana, real. Es decir, si quitáramos las canciones la película se seguiría entendiendo, pero perdería su corazón.
Por otro lado, “Arlo the Alligator Boy” es toda una celebración de las diferencias y de las rarezas que nos hacen únicos a cada uno de nosotros. Esto viene sobre todo de la mano de los personajes secundarios. Aunque es una lástima que no lleguemos a conocerlos bien, pudiendo ver solo la parte superficial de muchos de ellos. Pero si tenemos en cuenta que Netflix planea hacer una serie sobre Arlo –I heart Arlo-, podemos esperar un mejor desarrollo posterior de estos personaje
En definitiva, “Arlo the Alligator Boy” no es una obra maestra, pero sí te dejará un buen rato sonriendo después de haberla visto. Así que nada más, prepara las palomitas, los pañuelos y disfruta.


