Más allá de la Luna es una interesante apuesta de Netflix que, en mi opinión, no explota todo el potencial que tiene. Lo que más me ha gustado del filme es que me ha provocado muchas emociones: tanto de dolor como de esperanza. Se trata de una historia muy emotiva que sabe manejar bastante bien la imaginación, la esperanza y el dolor por la pérdida. Y sabe mezclarlo todo de forma que te atrapa y conmueve (al menos en gran parte del filme).
Antes de meternos con lo que yo creo que ha sido el problema de la película, quiero mencionar algo a destacar de los personajes. A pesar de encontrarse en situaciones distintas, la película consigue que empatices con la mayoría de ellos y eso me parece digno de admirar. Les comprendes a todos. Y a pesar de suponer cómo va a acabar todo al final, sufres con ellos.
Entremos en el meollo. El primer acto me parece formidable y la película tiene muy buen arranque, destacando la presentación de la leyenda de Chang’e, la diosa de la Luna. Sin embargo, donde la película flojea es en gran parte del segundo acto, en concreto en toda la acción que transcurre en la Luna. A simple vista, esta parte del relato se ve muy imaginativa (en especial por los colores y por los extraños personajes que ahí viven), pero la trama se vuelve vaga y se pierde. Me da la sensación de que se vuelve superficial, centrándose más en las locuras y en la fantasía y dejando un poco de lado la historia que venían contando.
Por un lado, en el segundo acto los autores introducen una variable nueva que se vuelve crucial para que Fei Fei consiga su objetivo. Sin embargo, dicha variable se siente extraña y no se comprende por qué es tan importante. Por otro lado, los dos personajes principales van por caminos separados y cada uno vive su propia aventura hasta volverse a juntar al final. Y esto me ha resultado muy extraño, ya que se trata de dos personajes que no conectan, pero que van a tener que convivir. Por esta razón, lo lógico sería que corrieran juntos todas las aventuras y riesgos del segundo acto para que puedan ir conectando poco a poco. Sin embargo, la película opta por separarlos hasta volverlos a juntar en el tercer acto.
En mi opinión, esas son las principales razones por las que el segundo acto se desconecta de la trama y la historia se pierde. A consecuencia de esto, todo el relato pierde fuerza.
Para terminar, quería recalcar lo bien construida que está la emoción en la historia. Y esto es así porque la guionista -Audrey Wells- puso todo su corazón en ella: estaba enferma al escribir la película y quiso hacerla como una carta de amor a su familia. El director -Glen Keane- afirma que en el guion hay “una combinación maravillosa de profundidad, un mensaje relevante que era muy maduro, y alegría, diversión, extravagancia e imaginación. Era esas dos cosas juntas”. Os recomiendo ver esta entrevista al director y a uno de los animadores de la película, merece la pena verla. Y, por supuesto, si no habéis visto la película, id a verla sin falta.


